En Lima haré mi tierra
El progreso de Lima está el progreso desde
los años sesenta o tal vez un tiempo antes que se descubriese la tendencia por
los sociólogos. Es por eso que cuando en Lima – Centro no encuentras tu tierra,
la haces a las afueras de la ciudad, llevándote todo lo ganado para allá en
donde encontraras otros con quieres celebrar que has aprendido a domar a la
capital.
Jousemark Montalvo
Lira, puede simplemente ser una marca de ropa complicada que cuente con uno que
otro establecimiento en algún distrito Limeño en donde el parqueo tenga un
valor igual o mayor a cinco soles, este es el nombre de quien pudo permitirme
ver que tan distinta puede ser la vida en la capital, de cómo es que las
migraciones adaptan sus costumbres a la vida en Lima y cómo la capital aun no
se adapta a ellos.
| Mientras armábamos una pequeña, los vecinos hacían la grande al lado |
No hay nada
peor que despertarse y no saber en dónde te encuentras, al abrir los ojos hago
una vista rápida y el bus se encuentra vacio, Jou ya se había despertado y me
dice que ya estábamos cerca, cuando bajamos del micro todo era extraño,
cruzando había una chacra al lado de un mercado y este al lado de un centro
comercial, en nuestro lado parecía la acera de las boticas y llegando a la
esquina un hotel con panadería si esto hubiese en la ciudad sería un éxito ya
que muchas parejas suelen irse temprano de estos establecimientos sin desayunar.
Mientras pensaba más estupideces sobre este mundo aparentemente irreal Jou me
dice que lo siga y que crucemos la avenida porque su casa se encuentra para ese
lado, cruzamos una inservible cerca de seguridad con un puesto de vigilancia
que tan solo tenía vista para la cerca y detrás de él se encontraba la chacra
por donde cualquiera podría pasar. Mientras se caminaba en las calles se
encontraba plasmada la creatividad de la gente, una camioneta abandonada y
oxidada era utilizada como una gran parrilla para los dueños de ella, una peluquería
era tienda de abarrotes, Jousemark me decía que todas estas familias provenían
de la sierra o de donde sea pero menos de Lima, cómo la suya que era de la
sierra, de algún pueblo que ni él podría pronunciar a menos que su madre lo
mencione en alguna que otra conversación.
Las calles parecían
interminables y la ley de la zona sur de Lima es “mientras más cerca al cerro
mejor” que se aplica a distritos como la Molina, también a esta zona se
aplicaría, el camino se empezó a inclinar y mientras subías las casas
aparentemente también cambiaban el ego y subían con uno, las áreas verdes
crecían y cada vez habían menos muestras de aquella creatividad peruana que es
comúnmente conocida como criollismo, el ambiente ahora era más recatado.
El sábado por
la mañana llegué a su casa y todo era tan coherente con las demás casas cómo
son estas dos cuadras con toda la zona, la única diferencia era que las paredes
tenían un acabado distinto, era como si la casa estuviese hecha de piedra, al
entrar un gran jardín separaba la puerta de la sala principal, en esta habían
dos gallinas y tres gallos, todos de pelea, con patas grandes y fuertes, de
cerca parecían de reptil, además dos perros de raza, Cachorro y Marlon, terminaban el listado de la fauna de esta
residencia. Desde que se cierra la puerta esto parecía sierra, la entrada era
un portal y esta era otra dimensión con gente que aparentaba algo que en la
ciudad muchos oculta.
Es domingo y
toca volver a esta casa que hasta el momento solo aparenta ser una casa de
personas de provincia que viven de forma andinamente moderna, el tiempo de
viaje no se hizo largo solo tuve que dormir, ya no me impresionaba al bajar del
bus, he estado visitando a esta familia toda una semana y sigo pensando porque
demonios viven tan lejos. Toco el timbre como de costumbre y esta vez me recibe
el hijo de Jousemark y me indica que le acompañe. Caminamos a la acera de al
frente y tenían una pequeña chacra oculta en la pendiente del cerro, manzanos,
duraznos, maíz, papa, hierbas aromáticas y medicinales, esto es un pequeño
pedazo de sierra, los animales estaban sueltos en esta parte y pude ver que los
vecinos tenían lo mismo en la zona, todos con casas mucho más elegantes que las
de otros pero con las mismas raíces. Sigo extrañado hasta que llega la madre de
Jousemark y me dice que este día comeremos Pachamanca hizo que mueva unos
troncos y contaba con una zona para ella, mi cabeza no terminaba de procesar
nada es como si estuviese en otro departamento dentro de la misma ciudad a todo
este colapso mental Jousemark llega corriendo agitado y emocionado, hay pelea
de gallos a dos puertas en el patio de uno de los vecinos, de pronto el
ambiente se carga de una energía folclórica ya que en la casa en donde se
realizará el evento salen tres jóvenes tocando instrumentos andinos.
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